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La carta

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Don Simón ,  como a  diario,  recibió  un paquete grande de  cartas .  P oco a poco su morral se fue quedando vacío  mien tras las entregaba en todos los buzones que ya conocía de sobra .  No obstante , notó que la última carta del sector tenía una dirección que jamás había visitado. El papel estaba algo arrugado , amarillento .  Encima  se dibujaban unas letras   temblorosas y pequeñas que el cartero de  sesenta  años apenas pudo apreciar. Sus ojos  se rasgaron  detrás de los gruesos cristales. “Calle  de las Flores,  Número 1504…” Alzó entonces la vista y efectivamente era el lugar.  Reiteró la lectura del destinatario  y arrugó aún más el entrecejo. La casa frente a él no tenía un solo cristal intacto . D entro ,  se divisaba una cantidad indecible de  garabatos  y por fuera no era diferente. Una parte del techo se había derrumbado y definitivamente no había buzón. Exhaló un ...

Broomless 1: El Otro Lado

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Broomless 1: El Otro Lado  ―¿Lo último que recuerdo fue que la dejé en el baúl de siempre. ―Dijo la bruja, nerviosa, mordiéndose el labio. ―¿Entonces la dejaste ahí y por qué ya no estaría? ―No lo sé, últimamente no he tenido contacto con más seres espirituales, no tenía que desaparecer así como así… ―Bueno, creo que deberías dibujarla y colocar varias copias del dibujo por si alguien la ha visto que se comunique contigo. ―¡Vamos, es una escoba, no un perro! ―exclamó la angustiada bruja con un tono burlesco mientras se preparaba para partir. ―Bueno, no es una escoba normal. Los cabellos negros de la bruja ondearon con el viento veraniego. Era medio día y la ancha ala de su sombrero puntiagudo le protegía del sol siempre. Sonrió. “Nada es como debería ser” mientras pegaba mágica y habilidosamente un cartel en hoja de pergamino duro donde se mostraba la forma de su curiosa escoba. “Si lo ha visto, por favor informe a la bruja Mariela”. Al día siguiente, una cantid...

Confesiones

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Ya me resigné. No soy una mujer como esperaban, me falta feminidad tal vez: ilusiones de stock, deseos de ser madre, esposa, cuñada, nuera. No me quedan los vestidos blancos, ni las mantas de tul bordado, ni mirar a la Virgencita en la iglesia porque ni en la Virgen, santa e inmaculada, toda bondad, creo. Me falta ese marido soñado, de reluciente armadura que me salva de todos mis pesares porque encontré a ese hombre fuerte en mi misma. Carezco de habilidades sociales taimadas, serenas, de mujer mexicana. Soy caos: mi cabeza es de locos, de genios y de inquietudes llena, no de una vida en casa bonita, con "miniyos" corriendo alrededor, recordándome lo egoísta que puedo llegar a ser al ponerles mis nombres. De ver mi imagen en su carita, y decir: "es mío, mi sangre lleva, mi linaje" ¿Cuál linaje? carajo, no soy una condesa ni una marquesa, mucho menos una princesa. Mi sangre no vale nada, pero para mi lo es todo. No tengo tiempo de atender, abnegadamente, a mi se...