Confesiones
Ya me resigné. No soy una mujer como esperaban, me falta feminidad tal vez: ilusiones de stock, deseos de ser madre, esposa, cuñada, nuera. No me quedan los vestidos blancos, ni las mantas de tul bordado, ni mirar a la Virgencita en la iglesia porque ni en la Virgen, santa e inmaculada, toda bondad, creo. Me falta ese marido soñado, de reluciente armadura que me salva de todos mis pesares porque encontré a ese hombre fuerte en mi misma.
Carezco de habilidades sociales taimadas, serenas, de mujer mexicana. Soy caos: mi cabeza es de locos, de genios y de inquietudes llena, no de una vida en casa bonita, con "miniyos" corriendo alrededor, recordándome lo egoísta que puedo llegar a ser al ponerles mis nombres. De ver mi imagen en su carita, y decir: "es mío, mi sangre lleva, mi linaje" ¿Cuál linaje? carajo, no soy una condesa ni una marquesa, mucho menos una princesa. Mi sangre no vale nada, pero para mi lo es todo.
No tengo tiempo de atender, abnegadamente, a mi señor y a mis niños, abandonándome en cada plato servido y lavado, en cada camisa planchada. Tardo horas escribiendo y corrigiendo, llevando de un lado a otro el pincel en un papel terco que suplica por color. Mi día está marcado por una jornada laboral completa, terrible e infame que me roba la vida. Y mi abuela lo hizo: me enseñó a ser una buena mujer, silenciosa, que abandona sus pasiones en pos de su familia. No, señora, no puedo, no me queda ese papel, moriría, como el cardenal enjaulado.
Y me pesa.
Me duele no ser como las demás, verme bonita en las fotos de la boda con mi flamante esposo, con una sonrisa de Cenicienta porque esa sonrisa en mi es falsa. No me queda ese futuro predestinado de una sociedad cerrada y tradicionalista que parece mirarme, en espera de acciones semejantes. Y, sabes, tengo deseos, por alguna razón, de ser lo que esperan que sea. Exitosa, como el canon moral mexicano marca. No este fracaso de mujer masculinizada por el trabajo profesional y sus deseos inquietos que la han dejado sin hijos y sin esposo, en la incertidumbre.

Persigo la curiosidad, propia de una version exitosa de mi, a pesar de no ser esa figura :0
ResponderBorrarNo me creas, ni sé lo que escribo.
Es agradable leerte n.n
Es hermoso perseguir algo que quieres ser, pero apegarte a algo que la gente quiere que seas es mortal. Gracias como siempre por leerme. :) un abrazo.
BorrarHe pensado bastante en tu comentario, casi cada semana desde que lo lei. nwn
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