Nació en un sueño de verano
Al alba, sus ojos se abrían con fastidio. Día tras día, el agua mojaba sus oscuros cabellos por la madrugada. Un desayuno perezoso, una botella con agua colgando del morral. Y el camino a la oficina, en medio de un bosque de varillas envueltas con cemento, figurando edificios, bañado con el sol veraniego que hacía a sus ojos aún más rasgados. La silla de siempre, el ordenador de todos los días. Y su mente ausente, tan lejos, caminando en los prados irlandeses, volando entre los fríos vientos de los Andes. Y de pronto, una pila de papeles amontonada en la impresora, un cerro de pendientes a su lado. Se jalaba los cabellos en el baño, mirando en el espejo amplio a una mujer que envejecía encerrada en una jaula bien pagada, llorando los sueños de niña que no veía cumplirse. Las ojeras bañaban de un mortífero aire su rostro, pálido, agrietado por los años. Pero algo debía pagar los gastos de la casa, el departamento con linda vista a la ciudad, la comida sana para no engordar. Día c...